martes, 20 de octubre de 2015

Golpe de realidad.

"Si estás solo, estás muerto"

—¿Qué coño significa esta frase, Jimmy? Vengo a desayunar bourbon como siempre y apareces con estos posavasos criminales. ¿Pretendes que me suicide?
—Tranquilo F, me los ha regalado la marca. Dicen que pueden animar a las personas.
—Animar a pegarse un tiro, joder.

Hoy amaneció lloviendo, por eso vine directamente al local de Jimmy. Dentro de este tugurio las gotas te calman, suenan como trozos de gente haciéndose pedazos contra el techo, como si la verdad intentara atravesar los cristales.
Mi psiquiatra suele decirme que  estoy loco. Yo le suelo contestar que como siga intentando que en mi cabeza bailen cisnes en vez de gárgolas, al final acabará roto él.
Como todas las mañanas, el local está vacío. A veces suena un pequeño eco que sólo puedo escuchar yo. El eco de las violaciones de la noche anterior en los baños, de las sobras de polvo debajo del espejo, de la botella rota contra la cabeza de algún hombre sin alma ni cerebro que se negó a pagar. Pero sólo lo escucho yo. Otras veces ese eco acompaña a unas sombras que levitan por encima de la barra; son los padres de Jimmy.
Me confesó que una noche se los cargó porque no sabía qué hacer con el tiempo que faltaba para coger el autobús.

—¿Qué haces un lunes tan temprano aquí, F?
—Ya es mediodía.
—Lo que tú digas pirado.
—Me gustan los lunes. Es una nueva oportunidad para empezar de 0.
—Tú nunca has sido de números, viejo.

Ese tío siempre sabe por dónde colármela. Quizá algún día me lo cargue con la misma pistola que utilizó él para huir de sus padres.

Van pasando las horas. Y no entra nadie. Yo voy por el décimo bourbon y ella... ella ya está muerta. Los pájaros de mi cabeza la echaron del nido porque no hay ramas suficientes para aguantar tanto desperfecto junto. Cada trago es un terremoto más bajando a mis entrañas, es una nueva explosión cayendo al vacío, una mecha incontrolable con final infeliz entre las piernas de una desconocida.

—F, parece que estás en otro planeta. Ya es de noche.
—Estoy en la avenida del infierno, girando a mano derecha dirección abismo.
—Creo que es hora de irse.

Salgo del bar y recuerdo la frase leída esta mañana.

Creo que todavía no he empezado a vivir.