martes, 10 de noviembre de 2015

Un recuerdo más... o uno menos.

¿Cuántos gramos de cordura absorbemos en cada abrazo?
¿Qué perspectiva del dolor nos da una caída con unos brazos de sostén?
Frío, escarcha ya en la mirada, púas en las manos, el tiritar de dedos entrelazados. Su pelo, en mis oquedades.
Hacía demasiado frío, y mientras me cosía con dedos de muñeca de porcelana, con aguja de optimismo e hilo de dientes de marfil, el corset unía, entrelazaba trozos de nuevo, vencidos en tantas guerras, oxidados en tantas batallas. El magma brillaba en el horizonte azul miedo de sus ojos. En cada pestañeo mataba cuervos, en cada estirar de boca quemaba gárgolas, abría nuevos senderos con grietas de fondo acolchado, hacía de un gobierno un paraíso donde anidar recuerdos lavados en sangre.
Cuánto aporte en 8 metros cuadrados, cuánto sustrato un arañazo por centímetro de piel...

Distancia. Demasiada entre un demonio y un ángel. Un abismo que saltar, un miedo a afrontar. La cobardía de cortarme sin desenfundar el cuchillo, el temor de convertir en ceniza mi pilar, niña frágil y libre que arregla vasos rotos porque le gusta curar.
Seguía la distancia inalcanzable, que ya nunca se rompió.
El acto continúa cuando el cielo grita y las estrellas se esconden para mirarnos de reojo, con recelo y vanidad. Un dardo, otro dardo, uno más. Ahora tranquilizante, somnoliento, apoyo la cabeza en las Bermudas de su clavícula abrigada, un vacío estable donde reposar infiernos. Y sigo y sigue y el suelo estalla y se abren brechas que pegamos con tiritas y más dardos y clavos y choque de pechos.
¿Qué diferencia hay entre un dardo y un abrazo?
Sigue el frío, y las estatuas se despetrifican, nos miran con envidia. Nos avisan. La soledad las congeló.
Olor, todo huele a paz. A cielo en llamas. A lagos cristalinos. A valle, caído. Inspiro, me recargo de presencia para que la ausencia de mi propio yo no me congele en días venideros.
"But all I've ever learned from love, was how to shoot somebody who outdrew you". Pero ahí nadie desenfunda y sólo se oyen los disparos de los brazos de mi corazón intentando agarrar el suyo. Y el hallelujah en un piano de cola de fondo con Leonard Cohen arrodillado y Satán al micrófono.
Silencio, que no escasez de ruido. Y de nuevo menos piezas de puzle desaparecidas, más encajes entre el astillado de mis costillas.
¿Te puedes ahogar en calma?
Fui siendo 10, y volví en un solo trozo. Tic-Tac en el paseo de vuelta. No ando, me arrastro asfalto arriba intencionadamente, dejando una fina línea por si alguien decide seguir la migaja de unos pasos tristes. De fondo clones, humanos con copas revoloteando entre pasos de baile y autoestimas acuchilladas. Capucha, manos en bolsillos, mirada de bruces contra la realidad y band of horses en los tímpanos.

Redundancia es estar sujeto a algo que te hace caer.

Hay días neutros, otros que suman, algunos que arañan.

Aunque a lo mejor fue un día y punto.