sábado, 13 de febrero de 2016

Días de guerra y bragas.

Ella ríe lágrimas cristalizadas y los ángeles dejan de sostenerla. Desnuda deja caer el vaso de agua con colillas que usa a modo de cenicero y piensa en cuándo dejó caer sus sueños o si los perdió por falta de fuego. Abraza llamas de madrugada mientras una mano dentro de las bragas le enseña a quererse y a odiar la soledad al mismo tiempo que el orgasmo le sirve de abrigo y la dopamina la envuelve para volver a dar paso a la tormenta.
Mira su reflejo cada mañana en un espejo roto, siente sus marcas; pequeños rayos dando luz a la piel, raíces que le quitan la sed, las roza y besa mientras llora sonrisas ajenas e imagina su cuerpo lleno de más historias al día siguiente.
Nunca se viste, dejó las drogas blandas y todavía es adicta al recuerdo y la nostalgia.
Y para eso no hay grupos de apoyo, piensa.

Desayuna mirando por la ventana con una mano en la taza de café amargo que le regaló su padre y con la otra de nuevo en las bragas. No usa cubertería así que saca la mano y lo remueve mientras sonríe imaginando el sabor agridulce que ahora tiene el café.
A veces se siente criatura herida, desprovista de tiritas y con los vellos de punta se lame los errores que aún no ha cometido entretanto intenta usar sus brazos como manta para sus propios prejuicios manchados de sangre. Cuando se queda con hambre se da besos y cuando se odia se mete los dedos para vomitar ideas y pintar lienzos de rabia que vende a cualquiera a cambio de un abrazo a quemarropa.
Duerme 4 horas al día con los ojos abiertos por si los monstruos; sueña en pasado, acuchilla fantasmas con la boca y pide a gritos que el silencio deje de abrasarle las cuerdas vocales.
Le pide limosna al corazón, le exige a la cabeza que deje de avasallarle. Se cae, se roza las rodillas, baila en charcos de barro, vuela en los columpios... tiene la infancia atada a la vigilia a modo de lastre.
En la cena prepara un revuelto de sentimientos y se da caricias mientras piensa que cuando se quiere, los cuervos desaparecen y el reloj ya no le golpea el pecho con la frecuencia de un huracán.
Las noches son sus días, pequeños oasis con fuego y hierro en vez de arena y agua.
La noche es una herida abierta, ella es alcohol:
las noches son verdades disparadas por cañones, y ella siempre ha tenido todas las balas