lunes, 2 de enero de 2017

Navidad, feliz náusea.

Un pájaro muerto tiene hambre y nadie le da de comer. Un pájaro muerto quiere tripas y risa, risa y vómito. Vuela pero se estrella contra el suelo. El suelo es cómodo, abriga, acongoja. 
No hay banquete en la rama, ni risa, ni brisa o caricia. Sólo vómito, vómito y arcada.
Los árboles arden, les prendió fuego la vanidad.
La barra es mi espejo favorito. No miente.

Y el puto camarero paga sus putas gracias a mi hígado.

Y no sé por qué os cuento esto sino sois tangibles.

Pero estáis ahí.

Pero no os veo.

¿Os sentirán ellos?

—Es navidad F, alegra esa jeta. Con todo el alcohol que te metes podrías comprar mi maravilloso tugurio.
—Mi cabeza sigue llena de cadáveres.
—Mi cuñado es albañil. Te puedo conseguir tierra.
—Es tan poética la muerte. Alejarte, desvanecerte...
—¿No hablas conmigo, verdad?
—Hablo con ellos. Tan, tan poética...

¿¡Eh?! ¡¿Me oís?! Toc, toc. Podéis salir cuando os plazca, las ventanas también están rotas.

—¡¡¿Vosotros no los escucháis?!!— tres cucarachas y dos ratas se acercan curiosas.
—Joder F, me estás llenando la suite de clientela—me dice mientras recoge hielos del suelo y me los echa en la copa. 
—Eres tan jodidamente especial Jimmy, podríamos alquilar un carro y empañar los cristales.
—Y luego nos hundimos eh Mr Leo, pero esta vez la tabla te la quedas tú.
—¿Y permanecer más tiempo en esta cloaca? 

Van ahogándose las horas con cada palabra, los minutos se alargan en el silencio de cada pensamiento en llamas que se instala en la sien. 
Es el fuego eterno de la vida, abrazas cristales y sonríes.  Porque somos eso, ¿no? Puntitas afiladas que dañan. 

¿Me estoy volviendo loco, verdad? 

¿O es que vosotros no deseáis fervientemente que os llenen la piel de grietas para tener algo que tapar los domingos?
¡Bah!

Hola dragón, ¿vas a seguir hoy en mi garganta?
No abraces tan fuerte, no te puedo dar todo mi oxígeno. Aún me apetece respirar. Luego si quieres, podemos jugar. 

—Oye, eso lo has dicho en voz alta, lobito.
—Oh perdona, ¿le molesta a los clones que frecuentan este local que no esconda mis virtudes?
—F, nunca vas a encontrar a nadie. Y a lo que haces en tu mazmorra ni siquiera se le puede llamar follar. A ti te gusta la caricia que rompe. Y en Navidad hay que ser fel...
—¡Tío, no me jodas! Hoy se vomita, como el resto de los días. Sin más importancia, días cualquiera. Días y punto. Lágrimas o enseñar los dientes, da igual. A mí me gusta el autogolpe, Jimmy. Tú lo sabes. No voy a encontrar a nadie porque no sé ni dónde estoy yo. Y menos mal, porque eso me ayuda a caminar. 
Y luego ves al resto fingiendo sonrisas. Yo llevo la oscuridad en los ojos. La enseño y me río. De ella, de mí, de todos. Es mi alma, le gusta el negro. La cuchilla, el mordisco. Y en esta época... en esta época siguen muriendo los eternos. Los vitales. Por eso nosotros seguimos vivos.
Y esta tristeza, estas ojeras: es la vida. Son las marcas de haber sido golpeado por el tiempo.
La tristeza es un arte. Pero sólo mi llanto lo sabe.
—¿Otra copa?
—Sin hielo por favor.

Y a vosotros os voy a ir dejando ya eh, las idealizaciones me llaman. 

Feliz arcada, cerdos.